viernes, 11 de febrero de 2011

"No son genios lo que necesitamos ahora"


"No, no creo que sean genios lo que necesitamos ahora. Creo que los genios son acontecimientos, no metas o fines. Tampoco creo que necesitemos pontífices de la Arquitectura, ni grandes doctrinarios, ni profetas, siempre dudosos. Algo de tradición viva está todavía a nuestro alcance, y muchas viejas doctrinas morales en relación con nosotros mismos y con nuestro oficio o profesión de arquitectos (y empleo estos términos en su mejor sentido tradicional). Necesitamos aprovechar lo poco que de tradición constructiva y, sobre todo, moral ha quedado en esta época en que las más hermosas palabras han perdido prácticamente su real y verdadera significación.

Necesitamos que miles y miles de arquitectos que andan por el mundo piensen menos en Arquitectura (en mayúscula), en dinero o en las ciudades del año 2000, y más en su oficio de arquitecto. Que trabajen con una cuerda atada al pie, para que no puedan ir demasiado lejos de la tierra en la que tienen raíces, y de los hombres que mejor conocen, siempre apoyándose en una base firme de dedicación, de buena voluntad y de honradez (honor).

Tengo el convencimiento de que cualquier arquitecto de nuestros días, medianamente dotado, preparado o formado, si puede entender esto también puede fácilmente realizar una obra verdaderamente viva. Esto es para mí lo más importante, mucho más que cualquier otra consideración o finalidad, sólo en apariencia de orden superior.

Creo que nacerá una auténtica y nueva tradición viva de obras que pueden ser diversas en muchos aspectos, pero que habrán sido llevadas a cabo con un profundo conocimiento de lo fundamental y con una gran conciencia, sin preocuparse del resultado final que, afortunadamente, en cada caso se nos escapa y no es un fin en sí, sino una consecuencia.

Creo que para conseguir estas cosas hay que desprenderse antes de muchas falsas ideas claras, de muchas palabras e ideas huecas y trabajar de uno en uno, con la buena voluntad que se traduce en acción propia y enseñanza, más que en doctrinarismo. Creo que la mejor enseñanza es el ejemplo; trabajar vigilando continuamente para no confundir la flaqueza humana, el derecho a equivocarse -capa que cubre tantas cosas-, con la voluntaria ligereza, la inmoralidad o el frío cálculo del trepador."

J.A. Coderch, 1960



Os dejo aquí un fragmento del texto de Coderch.
" No son genios lo que necesitamos ahora" repitió en varias ocasiones, él creía en las personas comprometidas con su trabajo, con dedicación y buena voluntad sin renunciar a la tradición constructiva y moral.
Resulta paradójica esta expresión porque tal vez él mismo sea un “genio” de la arquitectura.
Un genio que ha sabido conjugar su papel de arquitecto con su papel de hombre, el papel de la estética con el papel de la ética y el papel de la tradición con el de la modernidad.
Probablemente la verdadera clave de Coderch se encuentra en que no rehúsa utilizar la tradición, pero la reinterpreta según los movimientos modernos de los que es un gran conocedor, crea su propio lenguaje y lo va adaptando al lugar, y a la necesidad del momento. Recibe influencias de los grandes maestros, Wright, Aalto y Mies y consigue reunirlas en un lenguaje propio adaptado a sus creencias.
No podemos otorgar una ética y moralidad a la arquitectura pero si a la persona que crea la arquitectura; él mismo dice que un viejo y famoso arquitecto americano le decía a otro más joven: “Detrás de cada edificio que ves hay un hombre que no ves”.
Ese hombre que está detrás de la casa Ugalde es el que hace que sea una obra única, una obra que sentó las bases para los posteriores proyectos y en donde consigue aplicar tanto los conceptos de modernidad y de tradición.